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EDITORIAL |   

Violencia social

 
 

La Opinión de Michoacán    |  Teodoro BARAJAS JIMÉNEZ

 jueves, 11 de marzo de 2010 20:16

 
 
Encaramos todos los días la violencia, violencia en la familia, en la escuela, en los gremios de profesionistas que se creen serlo por un documento que avala determinado grado de preparación formal, ello no implica, necesariamente, el contar con real educación, esa que abre a los hombres el orden óntico para actualizar sus posibilidades en la línea de las virtudes cardinales, es decir, virtudes básicas que ensanchan la identidad humana y dan grandeza a este género que de humano va perdiendo el oficio. Por otro lado la delincuencia que ha copado espacios antaño ajenos a su dinámica, gracias a la corrupción que existe en círculos de gobierno, que lamentablemente coincide con una manifiesta y ostensible acumulación de bienes para unos cuantos y pobreza para la mayoría, este boato camina con la mayor agravante de provenir de espirales violentas, con las muchas salvedades de un fenómeno como el conferido, el puritanismo convencional donde es menos importante ser un buen hombre que actuar pareciéndolo.
La violencia que ejercen los delincuentes con sus acciones antisociales ha sido, y es, una constante que nos muestra la incapacidad del Estado y de la sociedad, estos fenómenos ponen en evidencia que el hombre de nuestro tiempo está necesitado de plantearse determinadas opciones fundamentales para encontrar los mecanismos óptimos que nos permitan construir nueva sociedad, donde la justicia deje de quedarse en los discursos y pase a ser elemento primordial en la vida de del hombre, la cual no ha pasado la prueba y se ha atrofiado en las acciones exteriores, en las posturas.
Violencia. Sí, la nefasta violencia que brota en todos los ámbitos y de la cual no logramos apartarnos, violencia que tarde o temprano impacta en alguna de sus formas la dinámica social como un todo, y tenemos razones diversas para manejar abstracciones en lugar de realidades concretas enraizadas en los más hondos estratos del pensamiento, producto de técnicas psicológicas superficiales y baratas que dan como producto la irresponsabilidad.
Pregunto: ¿Este es el mundo que queremos, el espacio que legaremos a nuestros descendientes? Éste de rechazo espontaneo a la diversidad, éste de tesis condicionadas y alejadas al más intimo quehacer humano, de las cuales los medios de comunicación nos tienen al tanto, aconteceres diarios, sabemos por ello de las diferencias que terminan con agresiones propias de barbajanes que por su ignorancia son incapaces de dilucidar o solucionar sus diferencias con base en la razón.
El hombre es el producto de sí mismo, como la violencia es una ramificación materialista del ser, su progreso posterior no provendrá de esperar o de observar cómo este mal carcome las estructuras de nuestro tiempo, la educación tiene como función social un amplio margen de crecimiento ya que no se han explotado las posibilidades que a partir de ella se pueden generar, el poder de trasformación que en los individuos revertirá las secuelas de la violencia.
Tiempos diferentes, lugares distintos y una cosa en común: El hombre como depredador primordial de su mismo género, juego mortal de la violencia, por todo y por nada. Parece que el cúmulo de instrumentos materiales no está ya al servicio de la humanidad sino de la violencia, que el hombre hace existencialmente posible gracias a las tendencias de regresión primitiva. Panorama desolador cuando las personas se sustituyen por ideas cuadradas. Es cuánto.

 

bz.

 
 
     

 

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